LOS WINSTON LOBO en el Let's Go Rock Bar

04.01.2020

El año surfer empezó a lo grande. El primer sábado de este 2020 me fui hasta Parla, en el sur de Madrid, para ver a una de mis bandas favoritas. En la calle el frío hacía de las suyas, pero al entrar al local recibías una bofetada de calor. No venía de la aglomeración humana (aunque ciertamente la entrada fue espectacular, rondando las cien personas, un entradón teniendo en cuenta las fechas navideñas, que era un sábado por la mañana y en un lugar que a priori es tan poco propicio para el surf ). Venía del buen ambiente que había en el interior, de la agradable sensación de encontrar a buenos amigos que se desplazaron hasta allí para ver a la banda, de un sentimiento de camaradería y buenrrollismo que siempre rodea a los Winston Lobo. Y quiero resaltar que en el Let’s Go siempre me siento como en casa, rodeado de “camaradas” a los que siempre es una alegría ver.

Los Winston habían dejado el listón a altura de récord olímpico después de su actuación de 2019 en el Gruta 77 (que por cierto fue determinante para que fueran incluidos en el homenaje a Dick Dale que tendrá lugar en el mismo sitio el 14 de marzo). Era difícil que se diera esa comunión con el público que se dio ese ya inolvidable viernes, simplemente porque los asistentes a este concierto eran de otro tipo, tal vez menos acostumbrados al desmelene. Pero los Winston Lobo no se arredran fácilmente, e incluso con el hándicap de que uno de sus guitarristas, Juan, estaba con un buen catarro, se cascaron otro concierto de lujo, llevándose al público de calle. Incluso con Villancicos surferizados para la ocasión. Sorteo de ukelele amarillo (como la portada de su disco) incluido, los Lobos pusieron otra pica, no en Flandes, sino donde hay que ponerlas: en el corazón del público.

LOS WINSTON LOBO en el Gruta 77

22 noviembre 2019

Por fin asistimos a la esperada presentación del nuevo disco de los Winston Lobo, “Las increíbles aventuras de los Winston Lobo”. Lo primero que llama la atención es el espectacular y cuidado diseño del CD. Amarillos, rojos, azules y negros, explosión de vivos colores coronados por la ilustración creada por el batería de la banda, Ángel Rodríguez Robles, cuya interesantísima obra pictórica os recomiendo conocer. El divertido libreto interior muestra con quién te estás viendo las caras, cuatro tipos aventureros y un poco golfos, que se atreven con todo, incluyendo por supuesto el mezclar en un mismo disco estilos e influencias musicales sin complejos y sin límites.

El álbum tiene un sonido espectacular, sorprendiendo cómo suena esa batería, con un aire retro que me encanta y que se nota que está curradísima en la ejecución y la producción. El bajo de Dani Masa galopa junto a la batería, formando una de las bases rítmicas más potentes que se pueden escuchar hoy en día en el panorama instrumental. El disco no da tregua a lomos de sus dos guitarras, Antonio y Juan, Juan Cabrero y Antonio Cortés, que se muestran muy cómodos en los caminos que van explorando, surcando diferentes tempos y ambientes, seguros de sus posibilidades, convencidos de lo que tienen para mostrar. Y es de agradecer que todos juntos se quiten los corsés que constriñen al género instrumental y se pongan como única regla estricta el que el oyente no se aburra ni se duerma a la tercera canción.  Paradigma de estas transgresiones son, para mí, los temas Noche de Brujas, Tiempos Modernos y La Vuelta a Casa, cuyos estilos me resulta imposible definir ni encasillar.

Sobre el concierto decir que la entrada, tratándose de un concierto instrumental, fue realmente buena, y superó con creces el número habitual de los habituales de la escena. La noche fue a más, en un crescendo increíble, con una retroalimentación entre público y banda que se da raramente en esta escena. Por momentos, se lanzaban los cuatro a tumba abierta, levantando el pie del freno y sonando como una verdadera apisonadora (fueron estos los momentos que más me gustaron, aquellos en los que se soltaban la melena y daban rienda suelta a todo su potencial). Al final, no sabías si estabas en un concierto de una banda surf o  de un combo punk, si a los pogos que se bailaron al final nos atenemos. Buena culpa de esto la tiene el hecho de que junto a sus temas propios eligieron unas versiones que,  independientemente de que las tocan con gran pericia, son sumamente atractivas y divertidas para el público que gasta su dinero y sale de su casa en una noche de lluvia y lo que quiere es disfrutar y sudar al máximo. Y eso lo hicimos, vaya que si lo hicimos

Los Winston Lobo en la Higuera

A la espera del lanzamiento del próximo disco de los Winston Lobo y de la consiguiente presentación en el Gruta 77 el día 22 de Noviembre, y ávidos de algún adelanto que echarnos a la boca, nos fuimos de peregrinación hasta Hoyo de Manzanares, pueblecito en la ladera de la Sierra homónima. Nos atraía la música, cierto, pero no negaré que si quieres pasar un rato divertido, cervecitas, cachondeo, anécdotas jugosas, tontunas varias y risas aseguradas, tienes que contratar (o contar) con el Equipo A del Surf.

De todo esto hubo bastante, antes y después del concierto. Y aunque solo tocaron un tema del nuevo disco, también disfrutamos de la habitual solvencia y pericia interpretativa de una banda que pasa de los encasillamientos y los corsés, que cabalga por donde otros no se atreven o sencillamente no pueden, que se sube a un escenario a divertirse y a hacer felices a los que les ven, sin pararse a pensar que espera éste o que le gustaría a aquel otro. Juan, Dani, Ángel y Antonio, me ofrecen, cada vez que les veo, antes, durante y después de un concierto, lo que yo busco en la música y a veces me cuesta encontrar: DIVERSIÓN.

Los Winston Lobo en Fun House