GENERADOR en Trashcan

21.12.2019

Ante la baja de última hora por enfermedad de Albert Ginés y sus Oceánicos, se presentaron Generador, J. Horror y Annie Baby, solos ante el peligro. Porque el Trashcan es una sala relativamente grande y da un poquito de respeto. Sin embargo, la entrada fue bastante buena para la hora temprana y el día desapacible. El dúo se encargó de que pronto entráramos en calor. Tras el primer tema (Qué espanto) vinieron del tirón cuatro temas que para mí son de lo mejorcito que tienen (Combatir, Cambio mi cuerpo, Maldito Vehículo y Transistor), suficientes para resucitar a un muerto.

Los asistentes, fans entregados de Generador y también de los Cramps, vibraron con los temas que versionaron de éstos al igual que con ese remake siniestro del Despeinada de Palito Ortega. Y yo especialmente lo gocé con tres temas marca de la casa: La Gente Apesta, A Ver Si Nos Vemos (Menos) y Sonrío Demasiado Para Ser Tan Pobre. Santos y señas del grupo, resumen de su esencia y de lo que quieren decir y derramar sobre el escenario.

Concierto frenético, sin tregua y sin tonterías. Directo al mentón del, para mí, grupo bomba del 2019.

LOS SEISIETE en Wurlitzer Ballroom

El 10 de febrero de 2018 dieron su primer concierto los Seisiete en el Marula, acompañados de los gallegos Santos Morcegos (banda a la que ellos facilitaron tocar en Madrid). Recuerdo todavía los nervios y la emoción de Nacho y Carlos. Su pasión por esta música pudo con todos los impedimentos.

En estos casi dos años, se han sucedido sus conciertos. En junio de 2018 en el Blackbird, acompañados de un Tiki de atrezzo que se vino conmigo a casa. En abril de este año, les pudimos ver en el Mercado Tirso de Molina, ya con el que es su guitarra actual (junto con Nacho), Fer, cuya incorporación supuso un importante salto de calidad en la banda.

En las fiestas del Dos de Mayo tocaron en la puerta del Tiki Chateau en sesión matinal, con gran éxito de público, en el que fue concierto curioso por el marco y los asistentes. En junio actúan por primera vez en el Fun House, en el Mad Surf Stomp Festival, compartiendo escenario con los Winston Lobo y les Panches Surfers, y festival con Surflamingo, Daytonas y Llobarros. Al poco tiempo repiten marco junto a Albert Ginés y sus Oceánicos y los mexicanos Sonoras (la gran sorpresa del Surfer Joe).

En septiembre, minigira por Galicia pasando por el Rock & Long Festival y por As Pozas A Guarda.En Noviembre presentación de su primer disco en Delia Records en una matinal con gran éxito de público.

Y la semana pasada, acompañando a Swampig en su concierto de fin de gira, se presentaron en la Wurlitzer, una de las pocas salas importantes que les quedaban.

¿Y cuál es la enseñanza que encierra esta trayectoria en tan breve tiempo, queridos niños? Pues que sí, que a día de hoy todavía se puede montar una banda de surf en pleno siglo XXI, que se puede gustar al público y que se puede tener éxito. Pero que sin pasión y sin ilusión no se debe ni intentar. Nacho y Carlos (sin olvidar a Jesús) tenían estas dos cosas y han ido logrando sus metas y embarcándonos a todos en esta aventura de cuyo éxito nos alegramos.

Que vengan más exitos que ellos les estarán esperando.

THE MAGNIFICATS en Rock Palace

Si como dice el bueno de Carlos Yela, la música surf (y por ende la instrumental) es, a día de hoy, la verdadera música underground, hacer música instrumental en Valladolid es como hacerlo en las profundidades del magma terráqueo, algo que solo sale a la luz cada cierto tiempo en forma de erupción volcánica, pero que, mientras, se encuentra oculto a la vista de los humanos que pueblan la superficie terrestre, ignorantes de lo que se cuece bajo sus pies.

Pero Valladolid es la tierra que vio nacer, entre otros, a Felipe II y al Empecinado, hombres que no se detuvieron antes las adversidades. Así que los miembros de los Magnificats dijeron un día: “¿que es complicado defender un repertorio instrumental en Valladolid? Pues nosotros hacemos unos de 180 temas”. Ahí queda eso.

Y en estas que, para celebrar sus once años de historia, Manuel de Delia Records les lanza el guante de, en vez de tocar en su tienda (donde han dado previamente dos conciertos de categoría) celebrar la efemérides en el Rock Palace, un garito de aforo importante y además a la hora tan española -y tan difícil – del vermú. Todo un reto ante el que los castellanos no se arredran.

El resultado se puede ver desde dos puntos de vista. El primero, el de la afluencia de público. Por si se os ha olvidado la cruda realidad, podéis volver a releer el primer párrafo: la música instrumental es hoy en día la verdadera música underground, y es difícil que un concierto de este tipo movilice a mucha gente, e incluso en esta ocasión se echó de menos a muchos de los habituales. En cualquier caso, la entrada fue muy digna y además de calidad, con gente conocedora de la escena y de los sonidos sesenteros. Como en otras ocasiones, lo siento por los que no acudieron, porque se perdieron un concierto memorable.

El otro punto de vista desde el que analizar este evento, fue precisamente el de la calidad del concierto. Los Magnificats son una banda de categoría, con músicos que saben lo que se hacen, con estilo, elegantes. Respetuosos con los temas que versionan y a los que imprimen su toque personal, al que contribuye especialmente Luis Güezmes. Para la ocasión se marcaron un repertorio de veinticuatro temas más dos bises (elegidos por sorteo mediante unas papeletas en las que los asistentes elegían dos canciones entre diez propuestas por la banda). Previamente, había calentado el ambiente el propio Carlos Yela, con una exquisita selección de temas instrumentales españoles sesenteros. Ya puestos en faena, pasaron por estilos de todo tipo, por canciones conocidísimas por el público (que las coreó a pleno pulmón) y por canciones menos populares pero imprescindibles. Tocaron sus propios temas que son de altísimo nivel y encima contaron con un speaker de lujo, Javi Alaíz, que nos hizo reir a carcajada limpia. Con la compra regalaron unas chapas conmemorativas de su undécimo aniversario, entre las que destacaba la que rezaba “NO, NO CANTAMOS” que muestra a las claras no solo su compromiso con la música instrumental, sino el descaro y el buen humor con el que enfrentan la sobada y absurda pregunta de marras. Recibir esta chapa fue el colofón y el resumen de lo que sentía cuando salía por la puerta del Rock Palace: que me había divertido a lo grande, me había reído y llevaba una sonrisa de oreja a oreja. Y esto, para mí, es haber ganado la batalla a la que se enfrentaron.

No quiero dejar de comentar el aspecto más importante para mí de todo esto, el aspecto humano. Y es obligado que comente la relación tan especial que tengo con Javi Alaíz. Nos hemos visto pocas veces, aunque bien es verdad que una de ellas fue en un mítico Surforama. Pero creo, y espero que él piense lo mismo, que conectamos desde el primer momento. Tiene la pasión de un kamikaze y la chispa de un genio. Un cerebro en el que bullen ideas de todo tipo que contribuyan a dignificar esta música que le apasiona. Un tío con el que te descojonas de la risa. Y que nunca deja que tengas la mano sin una cerveza. Aunque sé que muchos pensaréis que por eso me cae tan bien…

SURFLAMINGO en el Nooirax Sounds Fest

Hacía mucho tiempo que quería ver a los Surflamingo jugando en casa. No porque las anteriores veces, en las que les he visto en Madrid y en Italia, no me hayan gustado. Sino porque en otras tantas conversaciones siempre nos habían invitado a ir a Guadalajara, y nos advertían que allí las que se liaban eran de las gordas.

Así que, aprovechando que tocaban junto a Phonocaptors, cogimos carretera y manta (o sea, un hotel en el centro de la ciudad) y nos plantamos allí la tarde del viernes.

Nos contaban después que Guadalajara siempre había sido un sitio con muchos bares de rock y heavy, con gran actividad musical y numerosos conciertos, pero que algunas decisiones del consistorio y el poco apoyo, por no decir trabas del Ayuntamiento, había hecho que el ambiente musical estuviera últimamente de capa caída (algo contra  lo que luchan, como modernos quijotes, gente como los organizadores del Nooirax Sounds Fest).

Antes del concierto estuvimos paseando por el centro de la ciudad, disfrutando de su arquitectura, de su gastronomía y del ambiente tranquilo de sus calles, cargadas de historia y de referencias culturales. De momento, ningún rastro de lo que nos esperaba. Al contrario, lo que nos llamó la atención fue el silencio que se disfrutaba en las calles. Al entrar en el Arcadia, la cosa seguía tranquila, y puntuales como somos, no encontramos mas que a las bandas ajustando los instrumentos.

Pero amigo, todo cambió cuando los Surflamingo salieron a escena. Su primer tema, Zafarrancho, fue toda una declaración de intenciones de lo que nos esperaba. De repente empezaron a moverse (en la mejor tradición heavy) las cabezas y las melenas del público,  en un vaivén que ya no nos abandonaría hasta el final del concierto. (Precisamente hablábamos después con Jesús sobre la conexión entre el Surf y el Heavy, entre la posible evolución de uno a otro, y en la supuesta “paternidad” de Dick Dale respecto al heavy). Acostumbrados a los habituales conciertos de música surf, de repente nos veíamos envueltos en una experiencia totalmente diferente: justo lo que yo andaba buscando y lo que ellos me habían asegurado que iba a pasar. Se había liado gorda.

Pero Surflamingo, alma mater de ese imprescindible disco que es Monsters of Surf, que muestra bien a las claras, a voz en grito pero sin voz, las posibilidades, variantes y subespecies de lo más vibrante, energético y salvaje del surf, no dudan en bajar el tempo de sus temas, en volver una y otra vez a las líneas más melódicas, y nos dejan respirar un par de minutos, y así adoctrinar a la parroquia sobre las bondades y misterios de esta música desconocida para tantos. Desconocida pero no despreciada ni minusvalorada, porque la gente del Arcadia demostró que cuando se presenta esta música con pasión, con corazón, sin dobleces, con honradez, sin miedo, queriendo agradar solo al público, se derriban todas las barreras, los prejuicios y lo que queda son bocas abiertas y aplausos a rabiar.

Ver a Jesús y a Pablo mezclándose entre el público durante todo, absolutamente todo el concierto, sudando con ellos, enrollándose en los cables, mojándose de sudor y cerveza, ofreciendo una pasión electrizante que flotaba en el ambiente como en una tormenta, fue para mí una experiencia única e irrepetible.  Y no me olvido de Miguel y Pablo, que desde la retaguardia, ofrecieron un muro rítmico sin descanso. Ni me olvido de cómo nos trataron al acabar el concierto, anfitriones de lujo y de corazón.

Creo sinceramente que si Surflamingo tuvieran acceso a algo de apoyo, a otros circuitos, otros ambientes, y otras posibilidades de mostrar su trabajo, brindarían a la escena surf e instrumental un labor impagable que quiero pensar que revolucionaría el panorama, porque abarcaría mucho más público, más heterogéneo, más joven, menos cerrado y contribuiría sin duda a la expansión de esta música. Porque he visto muchos conciertos de surf y lo que experimenté en mis propias carnes será difícil de olvidar.

 

PHONOCAPTORS en el Nooirax Sounds Fest

No había visto nunca en directo a la banda madrileña Phonocaptors y tuvo que ser en Guadalajara, en el Arcadia Rock Bar y dentro del festival Nooirax Sounds Fest. No me defraudaron: trasladaron al directo el ecléctico y consistente concepto musical recogido en sus discos, mezclando psicodélica,  surf y garaje (entre otras cosas). A lomos de los teclados y de numerosos efectos de sonido, expusieron su música, que se va desarrollando como una espiral; sin hacerse pesados en ningún momento van desmadejando el ovillo de sus paisajes sonoros, atrapándote poco a poco, ofreciéndote un billete a un viaje psicodélico al que no te puedes negar. Al final del concierto no sabes muy bien definir lo que has oido, pero sabes que ha sido único. Y eso es tremendamente meritorio a día de hoy

LOS WINSTON LOBO en el Gruta 77

22 noviembre 2019

Por fin asistimos a la esperada presentación del nuevo disco de los Winston Lobo, “Las increíbles aventuras de los Winston Lobo”. Lo primero que llama la atención es el espectacular y cuidado diseño del CD. Amarillos, rojos, azules y negros, explosión de vivos colores coronados por la ilustración creada por el batería de la banda, Ángel Rodríguez Robles, cuya interesantísima obra pictórica os recomiendo conocer. El divertido libreto interior muestra con quién te estás viendo las caras, cuatro tipos aventureros y un poco golfos, que se atreven con todo, incluyendo por supuesto el mezclar en un mismo disco estilos e influencias musicales sin complejos y sin límites.

El álbum tiene un sonido espectacular, sorprendiendo cómo suena esa batería, con un aire retro que me encanta y que se nota que está curradísima en la ejecución y la producción. El bajo de Dani Masa galopa junto a la batería, formando una de las bases rítmicas más potentes que se pueden escuchar hoy en día en el panorama instrumental. El disco no da tregua a lomos de sus dos guitarras, Antonio y Juan, Juan Cabrero y Antonio Cortés, que se muestran muy cómodos en los caminos que van explorando, surcando diferentes tempos y ambientes, seguros de sus posibilidades, convencidos de lo que tienen para mostrar. Y es de agradecer que todos juntos se quiten los corsés que constriñen al género instrumental y se pongan como única regla estricta el que el oyente no se aburra ni se duerma a la tercera canción.  Paradigma de estas transgresiones son, para mí, los temas Noche de Brujas, Tiempos Modernos y La Vuelta a Casa, cuyos estilos me resulta imposible definir ni encasillar.

Sobre el concierto decir que la entrada, tratándose de un concierto instrumental, fue realmente buena, y superó con creces el número habitual de los habituales de la escena. La noche fue a más, en un crescendo increíble, con una retroalimentación entre público y banda que se da raramente en esta escena. Por momentos, se lanzaban los cuatro a tumba abierta, levantando el pie del freno y sonando como una verdadera apisonadora (fueron estos los momentos que más me gustaron, aquellos en los que se soltaban la melena y daban rienda suelta a todo su potencial). Al final, no sabías si estabas en un concierto de una banda surf o  de un combo punk, si a los pogos que se bailaron al final nos atenemos. Buena culpa de esto la tiene el hecho de que junto a sus temas propios eligieron unas versiones que,  independientemente de que las tocan con gran pericia, son sumamente atractivas y divertidas para el público que gasta su dinero y sale de su casa en una noche de lluvia y lo que quiere es disfrutar y sudar al máximo. Y eso lo hicimos, vaya que si lo hicimos