DURANGO 14 en El Sol

Por fin tuvo lugar el esperado estreno del nuevo disco de Durango 14 en Madrid. Gigante Panamericana es un crisol de estilos, influencias y caminos apenas insinuados y todavía con mucho por recorrer.

En las imponentes escaleras de la Sala El Sol, los primeros cien asistentes recibían una chapa con el logotipo del Club de Fans de la banda, un corazón que simboliza el amor que fluye retroalimentando la relación entre seguidores y grupo.

Escaleras abajo, sobre el escenario, los instrumentos de la banda lucían espléndidos y brillaban bajo la luz de los focos. De fondo se podían ver unos visuales de muchísima categoría de Héctor de la Puente, sin duda uno de los puntos fuertes de la noche. Puede decirse que el concierto habría perdido, sin duda, muchos enteros sin ese telón de fondo.

Entre el público se notaban los nervios, la ansiedad por descubrir al fin lo que tanto tiempo se llevaba anunciando. Cuando salieron los cinco miembros de la banda la tensión se liberó y por fin la gente pudo entregarse al disfrute de la música y al baile. Contando para la ocasión con el refuerzo de Raúl Andrade a la percusión, el sonido se aproximó mucho al del disco. Por el escenario desfilaron invitados de lujo, como Laura del Amo, Alvaro Escribano, Payom Hafezieh, Diego Serrano, y en solitario, Gabi Montes de Sexy Zebras interpretando el único tema cantado de la banda hasta la fecha, Adiós Lupita. Y como colofón a la noche, batucada a cargo de Sambaleza.

El concierto fue una mezcla de los ya conocidos pelotazos de Durango 14, con su inconfundible surf & roll espeso, junto con los nuevos temas del disco, algunos de ellos de verdadera categoría y directos a la mandíbula, hasta llegar a la vientena . Y contó con su momento emotivo, la entrega de un parche de batería firmado por todos los miembros de la banda, premio a un sorteo organizado por el Club de Fans y que recayó en quien mejor podía hacerlo, Vane, una de las más grandes fans de la banda. Bonito detalle de la banda con los que les han apoyado desde el inicio, sus fans incondicionales. Por cierto, que la batería tiene un nuevo dueño, Íñigo, que me encantó no solo por su ejecución impecable, sino por su compromiso y simpatía. Ojalá que sea por mucho, mucho tiempo.

En resumen, concierto de lujo en una sala a rebosar (con Sold Out incluido), los fans encantados y yo que me alegro por una banda a la que siempre he tenido en mi corazoncito y que no tiene más límite que el que ellos se quieran poner. En sus manos está.

LOS TIKI PHANTOMS en El Sol

01.02.2020

Era la tercera vez que veía a los Tiki Phantoms. Su última actuación en Madrid, en la misma sala, me la perdí, y a esta acudí con algunas precauciones. Si teníamos que hacer caso a los Guardianes del Santo Grial, no hay pecado peor que el “surferizar” o “instrumentalizar” ciertas baladas pop, canciones del verano o éxitos de la copla.

Así que me fui con la lata de gasolina y un mechero bic por si había que improvisar una hoguera en el centro de la pista y entre algunos fornidos voluntarios, no necesariamente con la cara cubierta, nos veíamos obligados a echar al fuego a los pecadores enmascarados. No fuera a ser que la situación se fuera de madre y la gente saliese del local sin saber a qué atenerse, con un lío tal en sus cabecitas que no supieran lo que está bien y lo que está mal.

Pero mira tú por dónde, yo acabé encantado. Bueno, yo y el porrón de gente que abarrotaba la Sala El Sol. La lata de gasolina la utilizamos para rellenar mecheros y el mechero para abrir tercios de cerveza.

Ya damos por descontado que los Tiki Phantoms son únicos a la hora de divertir a la gente. Ya contamos con los sacrificios habituales y las tiki-congas, que aunque no nos sorprenden, nos encantan y creo que todos las disfrutamos como el primer día. O aún más si cabe. Pero si en un concierto “tradicionalmente” divertido (y tal como figuraba en su setlist) metemos versiones de “Como una OLLA” (Rocío JURÁSICO) o del “Take On Me” de A-ha, bautizado como “Tiki On Me” de Aharrllll, la cosa se pone desternillante, y el público pierde la escasa compostura que conserva después de sentir como sobre su cabeza pasan, y vuelan, una barca y un cocodrilo hinchables.

A día de hoy seguramente sea esta banda la que mejor interpreta el espíritu lúdico, de diversión y cachondeo que entiendo impregnaba la música surf en sus orígenes (no olvidemos que quienes acudían a los primeros conciertos en California eran adolescentes ávidos de desmadre y jolgorio, deseosos de estampar sus chanclas sobre el suelo de madera de los ballrooms). Y a mí me gusta pensar que el publico suele tener razón (ya, ya sabemos que hay casos sangrantes, pero este no es uno de ellos). Que si sale de casa un sábado de invierno y se gasta su dinerito suele ser para pasarselo bien, y suele acudir a donde tiene muchísimas probabilidades de conseguirlo. Y con los Tki Phantoms acierta. Y encima escucha temas que están muy bien, que todo hay que decirlo.

TIBURONA en El Sol

01.02.2020

La logística se puso en contra de Tiburona para su primer concierto. Quiso hacer el papel del Jefe de Policia de Amity Island, empeñado en dar caza al simpático escualo de mandíbulas enormes. Porque Tiburona se presentaban a lo grande en el Sol, sin medias tintas, y lanzaban de paso su primer disco. Pero el disco no quiso acudir a la cita. La solución fue tomárselo con sentido del humor y dar un bolazo en el que los inevitables nervios desaparecieron como la carnaza en las fauces del Gran Blanco.

Entre temas divertidos y otros de ritmo marcadamente garagero, destacaron, para mi gusto, Bananalipsis y, especialmente, Tiburona. Este me parece un pepinazo que estuve tarareando durante días.

El fin de concierto, con el trío desatándose en el escenario, invitaba a querer subir con ellas y disfrutar de semejante desmelene. Broche de oro para un estreno de lujo.

LOS WINSTON LOBO en el Let's Go Rock Bar

04.01.2020

El año surfer empezó a lo grande. El primer sábado de este 2020 me fui hasta Parla, en el sur de Madrid, para ver a una de mis bandas favoritas. En la calle el frío hacía de las suyas, pero al entrar al local recibías una bofetada de calor. No venía de la aglomeración humana (aunque ciertamente la entrada fue espectacular, rondando las cien personas, un entradón teniendo en cuenta las fechas navideñas, que era un sábado por la mañana y en un lugar que a priori es tan poco propicio para el surf ). Venía del buen ambiente que había en el interior, de la agradable sensación de encontrar a buenos amigos que se desplazaron hasta allí para ver a la banda, de un sentimiento de camaradería y buenrrollismo que siempre rodea a los Winston Lobo. Y quiero resaltar que en el Let’s Go siempre me siento como en casa, rodeado de “camaradas” a los que siempre es una alegría ver.

Los Winston habían dejado el listón a altura de récord olímpico después de su actuación de 2019 en el Gruta 77 (que por cierto fue determinante para que fueran incluidos en el homenaje a Dick Dale que tendrá lugar en el mismo sitio el 14 de marzo). Era difícil que se diera esa comunión con el público que se dio ese ya inolvidable viernes, simplemente porque los asistentes a este concierto eran de otro tipo, tal vez menos acostumbrados al desmelene. Pero los Winston Lobo no se arredran fácilmente, e incluso con el hándicap de que uno de sus guitarristas, Juan, estaba con un buen catarro, se cascaron otro concierto de lujo, llevándose al público de calle. Incluso con Villancicos surferizados para la ocasión. Sorteo de ukelele amarillo (como la portada de su disco) incluido, los Lobos pusieron otra pica, no en Flandes, sino donde hay que ponerlas: en el corazón del público.

SUI & THE ELECTROSHOCKS en el Let's Go Rock Bar

No ser un experto en la materia, ni tener grandes conocimientos sobre la música que hacen Sui & The Electroshocks, te da la ventaja de no tener prejuicios. Y gracias a esto puedo decir que disfruté muchísimo con el concierto de este quinteto, porque me dejé llevar por el placer de oír preciosas canciones interpretadas por cuatro grandes músicos y cantadas por una gran cantante

GENERADOR en Trashcan

21.12.2019

Ante la baja de última hora por enfermedad de Albert Ginés y sus Oceánicos, se presentaron Generador, J. Horror y Annie Baby, solos ante el peligro. Porque el Trashcan es una sala relativamente grande y da un poquito de respeto. Sin embargo, la entrada fue bastante buena para la hora temprana y el día desapacible. El dúo se encargó de que pronto entráramos en calor. Tras el primer tema (Qué espanto) vinieron del tirón cuatro temas que para mí son de lo mejorcito que tienen (Combatir, Cambio mi cuerpo, Maldito Vehículo y Transistor), suficientes para resucitar a un muerto.

Los asistentes, fans entregados de Generador y también de los Cramps, vibraron con los temas que versionaron de éstos al igual que con ese remake siniestro del Despeinada de Palito Ortega. Y yo especialmente lo gocé con tres temas marca de la casa: La Gente Apesta, A Ver Si Nos Vemos (Menos) y Sonrío Demasiado Para Ser Tan Pobre. Santos y señas del grupo, resumen de su esencia y de lo que quieren decir y derramar sobre el escenario.

Concierto frenético, sin tregua y sin tonterías. Directo al mentón del, para mí, grupo bomba del 2019.