LOS FINOLIS en La Nota

Andan Los Finolis currándose su repertorio, ensayando, solventando la ausencia de su segundo guitarra, rodándose y dejando nervios por el camino. En su segundo concierto, vestidos para la ocasión cual Filemones, tocaron un puñado de versiones bien escogidas a las que tratan de ir traspasándoles su personalidad. Mención especial a su interpretación del clásico Maniac de Michael Sembello y Flashdance, sin duda el momento de la noche; además parece que no es el único de los hits que preven surferizar, idea que a mí me parece muy interesante y que espero que no tarden en plasmar

SURFLAMINGO Ganadores del Concurso de Nuevos Talentos de Guadalajara

La semana anterior al confinamiento, el 7 de marzo de 2020 estuvimos en nuestro último concierto previo al Apocalipsis, y fue, por suerte, de Surflamingo. Ese día hubo muy poco público, algo que sinceramente me dolió. Me dolió como amigo suyo pero también como amante de una música a la que hay que apoyar todos los días, no solo los de vino y rosas. Porque si no, se muere. Y si se repiten situaciones como la de ese concierto, se muere sin duda. Aquel día, hicimos planes para acompañarles en sus próximos conciertos, creo que el primero era en Ávila. Estábamos ilusionados como niños. A los pocos días recibí una llamada de Jesús anunciándome que suspendían todos los conciertos. Fue un mazazo. Y lo peor es que el shock duró más de un año.

Cuando nuestros amigos de Surflamingo nos dijeron que tocaban en Guadalajara, su primer concierto tras tanto tiempo, y en un concurso en la Plaza Mayor, fue como si por fin se cerrase este círculo del infierno, algo bastante metafórico, la ansiada prueba de que la locomotora alcarreña volvía a estar en marcha, de que por fin íbamos a olvidar ese día tan gris de marzo. Así que el viernes estaba nervioso como un novio ante el altar (de los sacrificios). Acompañados de nuestro gran amigo Juan Cabrero (otro fan de primera fila de Surflamingo) nos plantamos en Guadalajara. Antes del concierto compartimos mesa y mantel con dos de los miembros y fuimos calentando motores. Ellos nos hablaron maravillas del resto de las bandas que se presentaban y dudaban de sus posibilidades. Pronto se vería que entre sus virtudes no están las de la adivinación.

Por el escenario de una preciosa plaza mayor fueron pasando efectivamente bandas de mucha calidad. A las diez y media de la noche, con un calor asfixiante, fue el turno de los futuros ganadores. Y, sorpresa, no me funcionaba ninguna de las cuatro tarjetas de memoria que había llevado. Momentos de pánico, con la banda interpretando para empezar su “Zafarrancho”. En plan apisonadora desde el minuto cero.

La actuación de Surflamingo fue breve pero intensísima. Para mí fue como abrir una espita y dejar salir toda la tensión y la mala leche acumulada. Bailé e hice fotos, no sé como. Sudé. Me reí. Lo gocé.

Tras media hora de concierto estábamos exhaustos y pasamos a la ansiada fase de confraternización, de risas y abrazos. Y cervezas. Ibamos conociendo a mucha gente, grandes amigos de la banda, nuevos y viejos fans. La magia de la música. De repente, cuando estábamos en pleno jaleo, se anunció el nombre de la banda ganadora: ¡SURFLAMINGO! Servidor se quedó con la boca abierta. No porque no lo merecieran, porque por calidad, interpretación, conexión con el público y sobre todo y especialmente originalidad, fue totalmente justo. Otra cosa habría sido un engaño. Pero nosotros, amigos, estamos acostumbrados a la habitual desidia hacia el surf, al desconocimiento, al desprecio irracional y de entrada. Y por eso tuvo más mérito derribar esa puerta de una patada, con la cojonudísima actitud de esta banda que cada vez que sale al escenario se lo lleva todo por delante, y da cada concierto como si fuera el último. Qué gusto verles sobre el escenario, y qué gusto verles recoger ese premio.

Yo lo celebré como si el ganador hubiera sido yo. Porque me alegré por unos de los tipos más majos y cariñosos que conozco, que siempre nos han dado todo sin pedir nada a cambio. Ya hace tiempo nos abrieron su corazón y de ahí no nos echa ni la Benemérita.

Después disfrutamos de unas de las noches más divertidas que recuerdo: reímos, gozamos, presumimos de “jóvenes talentos”, cerramos los bares de Guadalajara y nos emplazamos para seguir derribando puertas y rompiendo mitos. Porque como dijo Jesús al día siguiente en una emisora de radio, “Nunca subestimes al instrumental”

Por nosotros que no sea.

LOS CAPITANES en Fun House

Dos tazas de buen ron en vez de una nos echamos al gaznate en la vuelta de Los Capitanes a los escenarios, porque la primera travesía en su barco nos dejó con ganas de surcar más olas. Magnífica la progresión de esta banda que no ha perdido el tiempo y, además de la incorporación de la capitana Amalia a los teclados, presentó nuevos temas, un mejor sonido, con muchos más matices y contundencia. Por lo demás, sin cambios. El cachondeo, el mismo. El destilado, de calidad. Las gorras, inmaculadas. El timón, al frente. El rumbo, hacia el horizonte

GENERADOR en Fun House

De su primer y exitoso concierto post-pandémico en Alcalá directamente al Fun House. E idéntico éxito. Dos pases en domingo, mañana y tarde, y todo vendido. Ni el calor sahariano puede con la gente que viste de negro.

Aunque la hora sea tan intempestiva como la una del mediodía, se hace realmente difícil aguantar sentado en un concierto de esta banda, cuyos conciertos son a tumba abierta. Conexión con el público desde los primeros acordes y un trallazo detrás de otro. Junto a temas de discos anteriores, los de su nuevo “Generador a Go-Go Volumen 2” (precedente “obvio” del ya esperado futuro volumen 1) y que incluye un tema instrumental (“Rancho Nocturno”) de mucha categoría y al que han prometido darle más oportunidades en el directo.

Ya tengo una excusa para no perderme su próximo bolo.

Como si necesitase alguna…

CASTOR HEAD en Alcalá de Henares

Del sótano de Siroco a la romana Complutum. De un “no hay bemoles” y un “sujétame el cubata” a reunirse cinco de los músicos más destacados de la región y parir uno de los grupos que más va a dar que hablar en el futuro cercano.

Las ilusiones que nacieron el día en que se concibió el grupo, en el lejano octubre de 2018 en un concierto de Durango14, se fueron aguando coincidiendo con la expansión de la peste de nuestros días. Con mucho ánimo y bastante WhatsApp el grupo fue superando las adversidades y dando sus primeros pasos. Se fue formando un repertorio, se grabó una versión del John Hardy de The Gun Club para el disco homenaje de Delia Records / Estudio Delicias, un video chulísimo para Barber Session e incluso ya tienen en el horno su primer disco.

Había tenido el inmenso placer de acudir a dos de sus ensayos y ver como se iba acercando el día del debut, he sido testigo de sus nervios y de sus esperanzas, y puedo decir que su esfuerzo ha merecido muchísimo la pena. Montar una banda en estos días ha sido una labor titánica que no podemos sino agradecerles, y mi sensación es que mucha gente lo hizo en este concierto: miembros de Echo Express, Surflamingo, Imperial Surfers, Tiburona y muchísimos amigos, muchísimos, que se acercaron, no solo a disfrutar de una banda enorme, sino a expresar su admiración y a arrimar el hombro.

El concierto fue muy bien. Con algún problema de sonido, tal vez. Con nervios, puede ser. Pero el repertorio es contundente y la interpretación de muchos quilates. Para mí, y para ellos, fue como abrir una puerta y dejar que entrase aire nuevo, limpio y fresco y durante unos instantes, hacer y oír lo que te dé la gana y sin ataduras. Amigos, eso vale oro.

Disfrutad, que os lo habéis ganado.

GENERADOR en el Diablo Market en Alcalá

Una de las cosas que, musicalmente hablando, más me molestó de esta pandemia, fue estar tantos meses sin ver a un grupo que estaba lanzado a tumba (y no precisamente la de Johnny Cash) abierta. Sus conciertos estaban siendo demoledores, una auténtica conmoción, el público los disfrutaba sin frenos, podías ver a la gente totalmente identificada con esta banda, con lo que ofrecía, con su concepto, con sus mitos y con sus leyendas. Yo estaba entre ese público y, como digo siempre, me siento rejuvenecer treinta años cuando los escucho. En sus conciertos sufro una mutación festiva que me hace volver a tener acné juvenil y las hormonas en ebullición.

Por suerte, la espera, larga, llegó a su fin. Por fin pude volver a verles, y aunque me habría gustado que fuera en un sitio más acorde a su espíritu, oscuro y sudoroso, no me quejo. Al contrario, aplaudo la experiencia y ojalá siga funcionando este mercadillo de discos y ofreciendo música en directo. El hecho de tener lugar en un centro comercial, atrae (es innegable) a otro tipo de público y eso siempre es bueno para dar a conocer músicas más “minoritarias”.

El concierto, acelerado y breve como siempre y como nos gusta. En esta ocasión, con dos invitados de lujo, Monje de Larsen y Manolo UVI interpretando un himno de mi juventud, “Amor Frenopático”. Menudo bombazo. Regresión (feliz) a la adolescencia. El nuevo disco, con cuatro pelotazos sin misericordia alguna e incluso con un instrumental. Annie Baby y J. Horror, como siempre, encantadores. ¿Qué más se puede pedir para un domingo? ¿Una psicofonía de Johnny Cash en directo?

10 mayo 2021

Ensayo de LOS CAPITANES

Un local de ensayo, una tarde de sábado, cervezas, chorizo y croquetas para todos, patatas fritas para mí, unas vistas preciosas de Madrid, una suave brisa, historias sobre carniceros y torreznos, Bob Esponja o Finn el Humano, y seis amigos que me abrieron su casa y me hicieron reír y volar.

ALBERT GINÉS Y LOS OCEÁNICOS en Fun House

Retorno a Fun House. Más de un año después, ahí es nada. Los culpables: Albert Ginés y sus Oceánicos, a los que hacía año y medio que no veía en un escenario. Para compensar, nos metimos entre pecho y espalda dos pases. El primero a la hora del vermú (seguido de un descacharrante tapeo con la banda) y terminamos con otro a las cinco de la tarde (cuando algunos estábamos ya casi para que salieran los mansos para llevarnos a los toriles). La asistencia de público fue importante teniendo en cuenta que luchaban con lo más grande que hay, las madres. El underground instrumental llevado a sus últimas consecuencias y enfrentándose al Día de la Madre. Cosas que solo nosotros entendemos…. ¿Quién dijo miedo?

Sobre el escenario, el trío ha pasado a cuarteto, incorporando como teclista a Amalia. El cambio ha sido brutal, abriendo un enorme abanico de posibilidades, arropando con elegancia a la guitarra de Albert, con unos arreglos de mucha categoría y un sonido mucho más compacto.

El repertorio, entre versiones y temas propios, alcanza la veintena de canciones. Cuando debutaron allá por 2019, apenas alcanzaba la decena. En este lapso de tiempo, han elegido covers muy elegantes y compuesto temas con una línea muy definida y buscada, muy del gusto y estilo personal de Albert, que es adalid en nuestro país de los sonidos exóticos y de la estética tiki.

Fue un día de muchas emociones, nos reencontramos con el mítico Carlos Yela de Surf Music Madrid, volvimos a ver a Eloy a los platos, tan eficaz como siempre, y yo personalmente viví una montaña rusa de emociones pasando inevitablemente de la euforia a la melancolía. En mi corazón siempre habrá un hueco para unos Oceánicos.

LOS WINSTON LOBO en Let’s Go Rock Bar

Asistir a un concierto en estos días es un privilegio, ver a los Winston Lobo por segunda vez en cuatro meses es un lujo reservado solo a unos cuantos elegidos: los que nos desplazamos a la localidad de Parla para acompañarles en el que es uno de sus locales fetiche, el Let’s Go. Ahí juegan en casa y eso se nota, por ejemplo en la interacción con el público.

Superado en el Gruta, con nota por todas las partes implicadas, el shock de volver a los escenarios tras un año de ausencia (con toda la carga emocional que tuvo el momento y con el trago de enfrentarse al pánico de un local con aforo limitado y el público sentado) en este segundo concierto del año se les vio mucho mas a gusto. Y no fueron los únicos. En esta ocasión pudimos por fin concentrarnos más en lo que realmente importa y durante una hora larga nos olvidamos de oscuros nubarrones que nos esperaban cada vez que dejábamos las penumbras del local y salíamos a la cegadora luz del exterior (cosas de estos horarios intempestivos que no me acaban de convencer, como animal nocturno que soy). Un escenario más bajo y en mi caso menos distancia con el mismo, hicieron el resto.

En lo puramente musical, el concierto fue la habitual mezcla de temas propios y covers. Ambos interpretados con la reconocible calidad marca de la casa. Como siempre, pero sin dejar de sorprenderme, la forma de afrontar las versiones, metiéndoles un punto de energía y potencia que no son habituales en otras bandas y que, sin duda, les diferencia de los demás. Puede decirse que las tienen tan interiorizadas que se las llevan siempre a su terreno. Sus composiciones propias, atípicas en el panorama instrumental (que a veces peca de una cierta uniformidad) y sin ataduras a la hora de transitar por otros estilos e influencias, son, para mí, un soplo de aire fresco cada vez que las oigo.

Esperemos que en lo que resta de año, los conciertos dejen de ser algo excepcional y los Winston Lobo puedan recoger parte del reconocimiento que se ganaron antes de esta catástrofe y lo hagan en forma de más conciertos. Si así fuera, mi consejo es que aprovechéis la ocasión.

18/04/2021